Hubo un voto que se repitió por doquier: el elepé del grupo británico The xx, titulado xx, entraba en todo top ten del 2009. ¿Qué era este grupete, cuarteto devenido terceto, que ni nombre tenía? (Un médico me vio unas ronchas y me dijo que tenía "la quinta o la sexta": los médicos, que le ponen nombre soberbio a todo, ni se dignaron a llamarlas periquitinosis o flagelalia).
Aquí estamos. ¿Es un buen disco? No es el mejor del año (nadie dijo esto, pero hubo quien le adjudicó la medalla de plata). Para mejor, escuchen a los animales colectivos, que se las saben todas y cada vez cantan (tocan y samplean) mejor. Escuchen a Antonio y Los Yónsones, salido allá por enero, una obra simplemente hermosa. ¿Algo más? Yo La Tengo no me interesó mucho, a Grizzly Bear lo debo escuchar más, Los Flamingos me abrumaron y lo abandoné rápido (voy a volver), Devendra Banhart me dio mucho cariño y quisiera verlo en vivo, Girls merece que se le dé su propio cometario (su “Hellhole Retrace” pintaba para canción del año, hasta que apareció “What Would I Want? Sky”, fabulósica). ¿Algo más? Tengo que darle el play a Dylan, a Wilco... ¡Ah! Me encantó Dirty Projectors. Lo que no me interesó fue eso de los Wolgang Amadeus Phoenix, aunque mejor me callo y que no pase lo de ningunear a Banhart, cosa que hice allá por septiembre de 2004, cuando creía que ELP era lo mejor que le había pasado a la música, sin saber que lo mejor que le había pasado a la música había sido sin duda el fin del rock sinfónico.
Bien, xx. Una sucesión de pimpineleadas entre una mujercita y un niñito (¿cuánto tienen? ¿diecinueve años? ¿Y hablan de amor? Es como el niño de once o doce que cocinaba en la televisión y que decía: “a los venezolanos nos gusta usar anís, porque nos hace recordar cuando nuestras madres cocinaba arepas”). No hay mucho y esto es lo que el disco celebra: contarlo todo con los pobres elementos de guitarra, bajo, percusión y duetos que generalmente detesto, aunque haya sido hipnotizado por la grandiosa “I've Had The Time of My Life”. Gasté walkmans con esta y el amado 14 Hot Hits, llamado verdadera y únicamente “catorce jot jits” y que aquí está:
Todo comienza con “Intro” (esperen, apago “Hungry Eyes” –sí, estoy con un fucking revival de Dirty Dancing– y la escucho para comentarles, aunque me dan ganas de escuchar “Make Me Lose Control”, en una simplísima línea asociativa. Es que soy un cursi sin retorno.). Una guitarra y un teclado que te avisan que hay algo misterioso y cacofónicamente pretencioso. Cuando la percusión entra con tutti, en un ritmo pop para mí inesperado, ya está declarada la receta: la melancolía cool, retro y que nos da algo para recordar a los treintañeros. Luego viene “VCR”, que es algo que estos muchachitos no conocieron, neonatos de la era del minidisc. La melodía nos balancea mientras nos adormecemos en cierta cuna suavecita y dulce. Hay algo interesante en The xx: el cuidado que asignan a la demolición del sentimiento monocorde. “VCR” puede creerse como otra aventura amorosa miles de veces cantada por Roxette (hombre y mujer enamorados y que van a la fiesta a bailar y jau duhiudú duhuidú). Ja, acá no: estos chicos están en la tensión de un quiebre, a pesar de saberse en el hype: tienen hormonas, están en Londres y Cris Morena los quiere para celadores del próximo orfanato. ¿Se puede reconocer esa profundidad de sentirse torcidos y desgarrados, a pesar de tenerlo facebookianamente todo?
¿Qué se cantan? Ellos susurran per turnum: “We watch things on VCR / Talk about big love / I think we are supertars / You say you think we are the best thing”. Estos son los sofía coppola de la canción: chicos ricos que tienen tristeza. Es el mismo manifiesto de MGMT (“Let's make some music, make some money, find some models for wives”, y luego: “Love must be forgotten, life can always start anew. / The models will have children, we'll get a divorce. / We'll find some more models, everything must run its course”), pero puesta la cinta al revés, y esto es producto de la nostalgia a todo trapo, condensada en estas tres letras que recuerdan otros tiempos (tan evocadores de un ubi sunt como la comunidad posible que muestra Be Kind Rewind). ¿Qué ve esta pareja? Parecería que historias de amor, aunque no dejamos de sospechar que todas están maqueteadas por horas de sofá y VHS, DVD, MTV, 13/20, the works.
ALERTA. Se aproxima un frente de pedantería y frase categórica y pedorra a la manera de Enzensberger: Será que todo amor es así, libretado por los migrés que, como cupidos fluorescentes, llenaron de pajaritos nuestros pensamientos.
FIN DEL ALERTA. GRACIAS.
The xx es una música que ya me la sé. “Shelter”, por ejemplo, me hace recordar una vez cuando cayó en mis manos el demo de un juego de computadora, llamado Top of The Pops (una especie de Cantañiños británico). El programa electrónico en cuestión era la posibilidad de mezclar y editar una gran cantidad de pistas para armar tu propio hit. Si uno lo hacía con cierto sentido común y algo de gusto, salía una pieza a la que, les aseguro, “Shelter” le debe un aire de época. Seguramente se trata de una educación sentimental en común: todos hemos bebido de las mismas aguas.
Pero, alas!, The xx es un buen grupo. Hay algo que estos muchachitos hacen bien, claro que sí. ¿Será el despojo, ese por el que parece que se olvidaron usar un par de pistas de Top of The Pops, como lo habían olvidado también (pero más bizarramente) los de The Walkmen? ¿Será la nota siniestra que me da miedo?
No puedo decirlo. Lo que les aseguro es que, desde mi alma constipada (lo escuché hoy en una peli que se llama en español algo como Estafa de amor (The Bloom Brothers) y que no está mal) que brinda con actimel sus bien afeitados treinta años como trompadas, The xx funciona. En el concierto de esferas en que se ha transformado el moco de mis recuerdos, hay una cuerda que vibra.
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