miércoles, 10 de febrero de 2010
Amigo piedra
lunes, 18 de enero de 2010
...a buscar? A ti
Hubo un voto que se repitió por doquier: el elepé del grupo británico The xx, titulado xx, entraba en todo top ten del 2009. ¿Qué era este grupete, cuarteto devenido terceto, que ni nombre tenía? (Un médico me vio unas ronchas y me dijo que tenía "la quinta o la sexta": los médicos, que le ponen nombre soberbio a todo, ni se dignaron a llamarlas periquitinosis o flagelalia).
Aquí estamos. ¿Es un buen disco? No es el mejor del año (nadie dijo esto, pero hubo quien le adjudicó la medalla de plata). Para mejor, escuchen a los animales colectivos, que se las saben todas y cada vez cantan (tocan y samplean) mejor. Escuchen a Antonio y Los Yónsones, salido allá por enero, una obra simplemente hermosa. ¿Algo más? Yo La Tengo no me interesó mucho, a Grizzly Bear lo debo escuchar más, Los Flamingos me abrumaron y lo abandoné rápido (voy a volver), Devendra Banhart me dio mucho cariño y quisiera verlo en vivo, Girls merece que se le dé su propio cometario (su “Hellhole Retrace” pintaba para canción del año, hasta que apareció “What Would I Want? Sky”, fabulósica). ¿Algo más? Tengo que darle el play a Dylan, a Wilco... ¡Ah! Me encantó Dirty Projectors. Lo que no me interesó fue eso de los Wolgang Amadeus Phoenix, aunque mejor me callo y que no pase lo de ningunear a Banhart, cosa que hice allá por septiembre de 2004, cuando creía que ELP era lo mejor que le había pasado a la música, sin saber que lo mejor que le había pasado a la música había sido sin duda el fin del rock sinfónico.
Bien, xx. Una sucesión de pimpineleadas entre una mujercita y un niñito (¿cuánto tienen? ¿diecinueve años? ¿Y hablan de amor? Es como el niño de once o doce que cocinaba en la televisión y que decía: “a los venezolanos nos gusta usar anís, porque nos hace recordar cuando nuestras madres cocinaba arepas”). No hay mucho y esto es lo que el disco celebra: contarlo todo con los pobres elementos de guitarra, bajo, percusión y duetos que generalmente detesto, aunque haya sido hipnotizado por la grandiosa “I've Had The Time of My Life”. Gasté walkmans con esta y el amado 14 Hot Hits, llamado verdadera y únicamente “catorce jot jits” y que aquí está:
Todo comienza con “Intro” (esperen, apago “Hungry Eyes” –sí, estoy con un fucking revival de Dirty Dancing– y la escucho para comentarles, aunque me dan ganas de escuchar “Make Me Lose Control”, en una simplísima línea asociativa. Es que soy un cursi sin retorno.). Una guitarra y un teclado que te avisan que hay algo misterioso y cacofónicamente pretencioso. Cuando la percusión entra con tutti, en un ritmo pop para mí inesperado, ya está declarada la receta: la melancolía cool, retro y que nos da algo para recordar a los treintañeros. Luego viene “VCR”, que es algo que estos muchachitos no conocieron, neonatos de la era del minidisc. La melodía nos balancea mientras nos adormecemos en cierta cuna suavecita y dulce. Hay algo interesante en The xx: el cuidado que asignan a la demolición del sentimiento monocorde. “VCR” puede creerse como otra aventura amorosa miles de veces cantada por Roxette (hombre y mujer enamorados y que van a la fiesta a bailar y jau duhiudú duhuidú). Ja, acá no: estos chicos están en la tensión de un quiebre, a pesar de saberse en el hype: tienen hormonas, están en Londres y Cris Morena los quiere para celadores del próximo orfanato. ¿Se puede reconocer esa profundidad de sentirse torcidos y desgarrados, a pesar de tenerlo facebookianamente todo?
¿Qué se cantan? Ellos susurran per turnum: “We watch things on VCR / Talk about big love / I think we are supertars / You say you think we are the best thing”. Estos son los sofía coppola de la canción: chicos ricos que tienen tristeza. Es el mismo manifiesto de MGMT (“Let's make some music, make some money, find some models for wives”, y luego: “Love must be forgotten, life can always start anew. / The models will have children, we'll get a divorce. / We'll find some more models, everything must run its course”), pero puesta la cinta al revés, y esto es producto de la nostalgia a todo trapo, condensada en estas tres letras que recuerdan otros tiempos (tan evocadores de un ubi sunt como la comunidad posible que muestra Be Kind Rewind). ¿Qué ve esta pareja? Parecería que historias de amor, aunque no dejamos de sospechar que todas están maqueteadas por horas de sofá y VHS, DVD, MTV, 13/20, the works.
ALERTA. Se aproxima un frente de pedantería y frase categórica y pedorra a la manera de Enzensberger: Será que todo amor es así, libretado por los migrés que, como cupidos fluorescentes, llenaron de pajaritos nuestros pensamientos.
FIN DEL ALERTA. GRACIAS.
The xx es una música que ya me la sé. “Shelter”, por ejemplo, me hace recordar una vez cuando cayó en mis manos el demo de un juego de computadora, llamado Top of The Pops (una especie de Cantañiños británico). El programa electrónico en cuestión era la posibilidad de mezclar y editar una gran cantidad de pistas para armar tu propio hit. Si uno lo hacía con cierto sentido común y algo de gusto, salía una pieza a la que, les aseguro, “Shelter” le debe un aire de época. Seguramente se trata de una educación sentimental en común: todos hemos bebido de las mismas aguas.
Pero, alas!, The xx es un buen grupo. Hay algo que estos muchachitos hacen bien, claro que sí. ¿Será el despojo, ese por el que parece que se olvidaron usar un par de pistas de Top of The Pops, como lo habían olvidado también (pero más bizarramente) los de The Walkmen? ¿Será la nota siniestra que me da miedo?
No puedo decirlo. Lo que les aseguro es que, desde mi alma constipada (lo escuché hoy en una peli que se llama en español algo como Estafa de amor (The Bloom Brothers) y que no está mal) que brinda con actimel sus bien afeitados treinta años como trompadas, The xx funciona. En el concierto de esferas en que se ha transformado el moco de mis recuerdos, hay una cuerda que vibra.
jueves, 17 de diciembre de 2009
El gatopardismo de Flashforward
Estuve viendo series y me encuentro perturbado por un sentimiento que no sabo cómo llamarlo.
Entonces, a por él:
Me gusta Lost, claro. Soy el fan número uno y quiebro piernas si me dicen lo contrario. (A su vez, moriré yo con la cabeza quebrada por una máquina de escribir: ciego y desparramado). Sin embargo, la fórmula no viene sirviendo en otros productos. Digamos, Flashforward. ¿La sucesora de Lost? Ja, de esta serie sólo tiene dos o tres actores choreados, nada más.
Pero hubo un tiempo mejor, digamos los dos primeros episodios. El primero de la temporada trajo una idea interesante y, por qué no, perturbadora. Durante algunos segundos, tal vez más de cien pero menos de trescientos, cada ser humano atraviesa un estado de inconciencia. ¿Desmayo? ¿Hipnosis? ¿What? Bueno, se va sabiendo a lo largo de las semanas.
Imagínense esto: que todos los muchos miles de millones de nosotros nos desplomemos sobre la tierra, la mesa, el ascensor, el asiento, la escalera, el vacío. ¿Cuántos no sobreviven a esta experiencia? No recuerdo, pero creo que se baraja casi la doble docena de millones de personas.
Hay algunas escenas memorables: un mundo dormido que continúa con la lenta inercia sin control. Un micro que avanza hacia el lago, etc. Un pequeño apocalipsis, como decía David Byrne. Me hace acordar al único minuto por el cual valió la pena ver toda la insípida primera temporada de Las alocadas crónicas de Sarah Connors. Último episodio, úlitmo bloque. Un hermoso clip con la banda sonora de Johnny Cash "Esa-con-el-título-que-no-puedo-recordar-y-tengo-fiaca-de-buscar-el-disco". (Veremos si me inspiro más tarde: si esto se lee tal cual lo estás leyendo, amable lector, es que tiré la toalla). El malísimo Terminator (malo no por malvado sino por mediocre, digo) está embarricado dentro de una habitación de motel, al tiempo que una banda de expertos policías arremete contra la puerta, entra pistola en mano y, uno a uno, son arrojados por el aire, vuelan sobre el pequeño balcón y caen en la piscina. Cámara lenta. Y Cash, que siempre es hermoso. Trece capítulos para un momento bien armado; sin embargo, no me devolvió el tiempo perdido. Tal vez si mojo esta madalena en mi tila...
Bien. Estamos con Flashforward y sus inquietantes imágenes de la calma chicha, mientras no hay quien haga más que dormir y soñar. Recuerdo un documental que mostraba cómo sería el mundo dentro de miles de años si en este preciso instante el ser humano desapareciera (¡puf!) del valle del samsara. (No estoy inspirado hoy, ya lo sabo). Me suena una campana, nomás.
¿Les cuento el spoiler del día? Bueno, los buenos de la serie (la policía) encuentran una filmación que muestra que, durante el desmayo colectivo, al menos una persona se paseó lo más pancho entre una multitud inocente. ¿Quién es? ¿Por qué no aparenta estar aterrada, sino más bien confiada en sus acciones?Préguntenle a los guionistas, no a mí.
Hubo otra cosa más: durante esos segundos de dormilona, todos soñaron con exactamente el mismo futuro. Las conversaciones, al día siguiente, eran algo así: "Soñé que me pedías el divorcio", "Sí, y yo soñé que te decía que no"; "Señor, disculpe, tal vez no me conozca, pero soñé con usted", "Hola, Sandra, ¿cómo estás? ¡Claro que te conozco!". Y otros parlamentos memorables por el estilo.
Así contado, a pesar del pobre estilo con el que me muevo, parece que la serie pinta interesante. A mí, al menos, me interesó en un comienzo. Pero todo concluye al fin. Flashforward ya es historia de otro fracaso. Se transmitieron nueve episodios, quedarán todavía por transmitir, a partir de marzo de 2010, una docena más, creo. Pero está haciendo agua, porque el argumento es una trampa en la que los guionistas cayeron, indianas jones torpes que tensan la cuerda y luego la pisan: los dardos les atraviesan el corazón.
La serie ahora lucha en dos frentes: primero: descubrir por qué pasó lo que pasó y si, eventualmente, puede volver a ocurrir de nuevo (conspiraciones, etc.); segundo: para aquellos que soñaron con un futuro sombrío (que estaban borrachos, que tenían el alma en pena, que estaban muertos) todo se reduce a torcer el destino o, mejor, averiguar si es posible torcerlo (metafísica paluchiana). Todo es un gran circo: por un lado, la conspiración es de cartón pintado y, por el otro, el destino no se puede cambiar. Lo siento muchachos, con estas cosas tenemos que arreglárnosla.
jueves, 3 de diciembre de 2009
Hoje acordei sozinho como um anjo sem asas
Post scriptum. Una vez enviado este texto al éter, quise saber si había malparido o no el dichoso aforismo. Mi sorpresa fue más grande que si hubiera encontrado que el aforismo tenía dueño: el reenvío de mi consulta por la frase "cuando el amor te abraza" fue el link a una página cuyo título era: "Ángel que vuela sin alas". El título del texto publicado por quien suscribe fue simplemente una combinatoria fonética, un simple ejercicio gramático y una brevísima consulta al diccionario. ¿Quién me explica la coincidencia?
viernes, 27 de noviembre de 2009
Relatos pentágono
De lo que estoy hablando es de la vida guionada. De practicar el coqueteo insistente de la adolescente que le importa un rábano ese hormonal virgen con el que está hablando, sino que sólo quiere que el otro (Joaquín, de 5to C, ya tiene registro y le gusta andar en motitos en Gesel) vea el maquillaje y el peinado y el hombro desnudo. El teatro de la vida, sin más.
Las narraciones de la existencia son taimadas: veamos esa crispación de la primera cita. ¿Cómo explicarse uno, cómo presentarse ante esa deidad dignada a compartir una cesta de pan con un pastenaca? ¿Cómo representar todo lo que aquel señor, fijado en el comercial de la colonia after shave, no necesita representar porque, ante todo, lo es?
Vengan los reality shows, las narraciones finiseculares cuyas tramas parecerían remitirse a un microanálisis del tic, del tropiezo y de la mueca casi involuntaria. Un simple mechón de pelo que debe ser acomodado detrás de la oreja o un mate que tarda unos segundo de más en pasar de mano (aeguraríamos que el roce de los dedos está demorado, vibra), o incluso la tarde perdida en una meditación al margen de una lluvia que limita los movimientos en la piscina, la granja y el cuarto de juegos... ¿No hay una educación sentimental aquí?
Se pueden hacer lecturas dispares. Las más obvias (que aceptamos, claro) no son las que nos interesan. Buscaremos, por el contrario, la comprensión. La hipnosis de los largos paneos que exhiben cómo se mastica una tostada al calor de un vacío de ideas, tanto como la fascinación por la búsqueda del encendedor entre las sábanas, debajo del forro de la almohada, en el cajón de la espumadera... ¿Por qué, entonces, creer necesario que haya una vaca que ordeñar o una fiesta de disfracer que encarnar?
Como dijo el gran emperador de Mongo: ¿continuará?
Crisis? What Crisis?
¡Parrampampampán!
Tocaré lo mejor que pueda.
¡Parrampampampán!
¡Rapampampán!
¡Rapampampán!
Estuve escuchando "Attics of My Life", de Grateful Dead. ¿Por qué no me gusta ni pizca esta banda? Más allá de todo lo que quieran, que soy esnob, que soy geek, que soy mortal, pavadas como esas que no me afectan, lo cierto es que "Attics of My Life" fue absolutamente innecesaria en este momento. Como me dijo alguien en su interlengua sino-española: "Me siento lástima, él me perdió".
Yo también soy pobre.
¿Qué quiero decir? ¿Adónde apunta esta crisis? ¿Hablo del default en Dubái? Sí, sí, claro, justamente a eso me refiero.
Cantinero, ¡sirva otro tequila que quita mi herida!
¡Rapampampán!
¡Rapampampán!
